Ya no es una conclusión sino una realidad. El perfil bajo encharca nuestra cultura, el perfil bajo es algo inherente a las culturas de la envidia; saben que vales, que destacas, que eres bueno, que les puedes hacer sombra, que dejas a todas luces con trabajo demuestras lo inútiles que son algunos.
Soy muy consciente de mis virtudes (también de los múltiples defectos) pero por mucho que lo intenten no lo consiguen; terminan mostrando lo manta que son y que las decisiones que toman son solo para evitar ponerles en evidencia.
Un gran sector de la población, yo diría que cercano a un 90% no sabe diferenciar y son “clientes de este perfil bajo”; mi interés se centra en el otro 10%, los que son capaces de diferenciar lo bueno de lo malo, son los que me interesan, son gente con las que me puedo implicar, gente que les exprime a lo máximo y quieren más, que no se asustan, que en definitiva no se conforman.
Son los que me valen y por suerte se que son los que valen, dentro de su humildad son los que quieren algo más, los que piden algo más. Afortunadamente los hechos lo confirman; todas esos presuntos tráficos de influencias y prevaricaciones solo valen para los que por si solos no piensan (niñ@s) son los que pueden atraer y “engañar”.
El último viernes conversando con “alguien” resulto más brillante que nunca el perfil bajo de nuestra cultura, de nuestro pueblo; chavales con apenas un año de experiencia, con un curso de fin de semana y cuyos conocimientos son los justos, ponen en tela de juicio un trabajo de muchos años, de mucha gente pasada por tus manos, de muchas correcciones, de mucho conocer y estudiar, de simplemente estar reciclándose constantemente, NO, es algo impuesto, mi cuerpo esta sentado, mi alma, mi cabeza y mi corazón sigue mejorando desde la humildad y desde mis limitaciones; el deporte.
Donde algunos quieren llegar, hay otros que lo vemos como un punto de paso.


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