Anatomía sentimental de la memoria.

Estoy empezando a coger la afición a redactar cosas ajenas al deporte en un blog autoegocentrista al autobombo personal de lo que hago, pero ahora veo la parte más interesante de expresar lo que me apetezca. Una isla rodeada de kilometros, brazadas y pedaladas, una ventana pequeña hacia el mundo que hay delante y el que no hay detrás.

Hoy me ha dado por buscar y he tardado lo suyo en encontrar una letra de una canción de Serrat (temas con tendencias ideologicas  aparte), unas sabias e inteligentes palabras, hurgando y trabajando con el bisturi de una manera partidista del uso de los recuerdos.

Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
Se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria,
se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan
a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada
y a pesar de todo
hay que sobrevivir.

Recuerdos que volaron lejos
o que los armarios encierran;
cuando está por cambiar el tiempo,
como las heridas de guerra,
vuelven a dolernos de nuevo.

Los recuerdos tienen
un perfume frágil
que les acompaña
por toda la vida
y tatuado a fuego
llevan en la frente
un día cualquiera,
un nombre corriente
con el que caminan
con paso doliente,
arriba y abajo,
húmedas aceras
canturreando siempre
la misma canción.

Y por más que tiempos felices
saquen a pasear de la mano,
los recuerdos suelen ser tristes
hijos, como son, del pasado,
de aquello que fue y ya no existe.

Pero los recuerdos
desnudos de adornos,
limpios de nostalgias,
cuando solo queda
la memoria pura,
el olor sin rostro,
el color sin nombre,
sin encarnadura,
son el esqueleto
sobre el que construimos
todo lo que somos,
aquello que fuimos
y lo que quisimos
y no pudo ser.

Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos
de sus vidas.

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Del anális, pues queda abierto a interpretaciones, a mal intencionadas o a bondadosas. El uso incesante de recuerdos es el impedimento real a enfrentarse al futuro, pero el olvido de los recuerdos es negar los fracasos o aciertos de cara a enfrentarse a éste. Que dilema, que sensación tan dificil, quedarse en uno u otro extremo. Observa lo que repetidamente mencionas tus recuerdos y las necesidades que te proporciona citar constantemente al pasado; y mira lo que te pierdes por no adaptarte al presente y no buscar tú futuro…..


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